Recuerdo una situación de esas en las que te gustaría hacer bomba de humo y desaparecer. De que te suene el teléfono que pusiste en silencio minutos antes y excusarte con una llamada importantísima.
La situación no tenía que ver directamente conmigo, yo era un mero espectador. Pero me incomodó.
Una compañera se enfrentó a nuestro jefe cuando éste le dijo en público que había cometido un error. El error no era para tanto (a mi criterio) y me pasó desapercibido. Pero a mi compañera no.
Mi compañera se levantó, cogió una libreta y un bolígrafo, se acercó al jefe, se sentó muy solemnemente en una silla que había a su lado y le dijo:
“A ver, para la próxima dime como lo tengo que hacer, cómo quiere el jefe que lo haga”.
Posteriormente hubo una discusión bastante incómoda, que no invitaba a celebrarse en público y que no contaré. Lo importante es la frase que he entrecomillado antes.
Mientras discutían, yo pensaba en la frase. Mi compañera le había perdido el respeto al jefe. Y cuando se pierde ese respeto, es muy difícil mantener una relación laboral (o de otro tipo) así.
Traspasar la línea que limita el respeto hacia la otra persona no es reversible. Se cierra una puerta de no retorno. Por mucho que se mejore la relación, no se vuelve a la situación anterior. Por eso son importantes dos cosas:
Respetar y
Hacerse respetar
Cómo ser legitimado
Para legitimar al líder, o ganarse el respeto de las personas que te rodean. En este caso lo llevamos al terreno laboral. Cómo ser legitimado por tu equipo y compañeros que trabajan contigo.
Hay tres formas de ser legitimado, y que se pueden trabajar, Que vamos a ver en seguida. Pero antes quiero que pienses si en algún momento has pensado esto:
Mi jefe no tiene ni idea. No tiene conocimientos suficientes y siempre estamos sacándole nosotros las castañas del fuego
Es un blando, hacemos con él lo que nos da la gana.
El jefe no es nada cercano, nunca comenta nada en la máquina de café, siempre come solo…
Se escaquea siempre que puede.
No sé por qué lo han puesto de Jefe, hay muchas personas antes que él que valen más
Éstas son cuestiones sobre la legitimación de un líder. Algunas, si no las has sufrido tú, las habrás escuchado.
Siempre que hay una cuestión de legitimación de un líder, tiene como fundamento estos tres factores o formas de legitimar a un líder:
Autoridad
Un líder se legitima siendo respetado por la autoridad o jerarquía que tiene. Se hace respetar por su rango. No quiere decir que sea autoritario (aunque podría serlo), sino que es una autoridad. Puede ser una persona muy reconocida en la empresa, con muchas influencias o incluso “el hijo de”.
También podría ser una persona que haga un uso bueno o malo de esa autoridad, no entramos en ese debate. Puede ser una persona muy agresiva o que se enfada mucho y ese comportamiento produce cierto miedo que hace legitimar a esa persona (insisto, no entro en qué es correcto o no).
Técnica
Se legitima a un líder técnicamente cuando tiene amplios conocimientos de la materia. Una persona que sabe perfectamente todo lo que tú debes o deberías saber. Sabe más que tú. Es un experto.
Incluimos también al estratega. Aquel que es muy estratégico, con buenas ideas. Que ha nacido para la estrategia y tiene una buena visión de negocio, de futuro, etc.
Podría hacer buen uso de ese conocimiento y compartirlo o usarlo para ridiculizar a otros. Pero sabe mucho y eso lo legitima como superior.
Social
Un líder legitimado socialmente es aquel que es cercano, que es conciliador, que cae bien. Podrías tomar una copa con esa persona, o ir a comer y te lo pasarías bien.
Es una persona que no busca problemas, huye de los conflictos y si estos se producen trata de solucionarlos cuanto antes.
Una vez vistos estos tres factores, puedes encontrarte con una mezcla de dos o de los tres. Puedes encontrar un jefe autoritario y que es un experto en la materia, por ejemplo.
Incluso puede ser una persona que queda totalmente ilegitimada por una de estas características, pero podemos legitimar al líder se compensando con las otras dos.
Desde esta perspectiva, se puede hacer el análisis tanto desde el punto de vista del responsable de un equipo, como de una persona perteneciente al equipo. O también desde tus propios compañeros. Recordemos que legitimar al líder no se refiere sólo a la jerarquía de éste.
Al menos ha de haber un factor que te legitime. Si no, es difícil ganarte el respeto y que la relación sume y sea positiva en el trabajo. Y se pueden trabajar el resto de factores. Simplemente con plantearte tú mismo cómo sientes que te legitiman y hacer esa reflexión, podrás ver dónde te ves menos valorado o más valorado y poder aportar soluciones.
Tampoco quiere decir que el líder ideal sea el que sea legitimado en los tres planteamientos. En muchos puestos de responsabilidad sucede que el líder, o jefe, no sabe cómo hace su trabajo técnicamente su equipo. Desconoce el manejo de herramientas, por ejemplo. No tiene ni idea, pero eso no significa que no se legitime. Tiene los factores social y jerárquico para ser un gran líder. Y sabe lo que quiere.
Una vez definido el objetivo puedo dar el siguiente paso. (revisa el primer artículo)
Lo voy a ver con un ejemplo.
Mi objetivo es promocionar en la empresa. Me veo poco valorado, un poco apartado de decisiones en la compañía en las que yo podría aportar mucho. Sé que puedo desarrollar una labor más de estrategia. Además es lo que realmente me gusta.
Ojo que aquí hay una creencia que habrá que tratar, como es “me veo poco valorado”. ¿Hasta qué punto es cierto? ¿Qué te hace pensar eso? Pero lo importante es que sé qué quiero.
Es un objetivo que me invita a alcanzarlo a través de liderazgo. Como dije, liderar es la capacidad de influir. Y ahora es el momento de que complete esta frase, tal y como anoté en el anterior capítulo.
Recuerda que todo objetivo ha de ser SMARTER: (Specific, mesurable, ambitious, realistic, time-bound, ecological, rewarding)
En mi ejemplo sería la capacidad de influir a nivel transversal y vertical en mi compañía para ganar visibilidad aportando valor y conseguir un puesto más estratégico.
Para que sea smarter, además, lo tendré que acotar en un periodo de tiempo, lo tendré que saber medir, me tiene que parecer realista, ambicioso…
Específico: Promocionar en la empresa con un puesto más estratégico. Supongamos Gerente de Área.
Medible: Tengo que tener KPIs que me indiquen cómo voy consiguiendo el objetivo. O consigo o no consigo la promoción, pero durante el proceso, me iré marcando miniobjetivos que tendré que saber medir. Pueden ser reuniones periódicas con tu equipo o superiores, realización de gestión del desempeño de tu equipo, realización de informes adicionales, etc.
Ambicioso: Me motiva mucho. De cero a 10 me motiva un 10.
Realista: Se puede conseguir el puesto. Claro.
Tiempo: Me pongo de plazo hasta septiembre del año que viene.
Ecológico: Lo conseguiré sin perjudicar a otros y dando soporte y colaborando con mis compañeros.
Recompensa: Es mi ilusión. Trabajar en lo que me gusta. Y estaré más feliz conmigo mismo y me sentiré más realizado. Y por ende, la gente que me rodea.
Hay un punto crítico aquí. Y es el siguiente:
Vale, quiero conseguir una promoción. Pero eso no depende de mí al 100%. Yo puedo hacer todo para conseguirlo pero no está en mi mano. Aquí tendríamos que desarrollar la letra R de Realista.
Mi objetivo no depende de mí totalmente.
Bien, tienes razón. Si en mi empresa creo que no hay opción a promocionar, pues no lo intento. Quizás tengo que buscar otro objetivo como cambiar de empresa.
También puedo pensar que sí, que tengo posibilidades, pero en un 50% no depende de mí. Vale, pues a lo mejor tengo que pensar que mi objetivo puede estar o no dentro de la empresa, por lo que esa estrategia de visibilidad que me quiero dar, tendré que hacerla también exterior.
Aquí se abre un mundo. Se abre un auténtico proceso de coaching y seguimiento.
Si estás interesado en que te ayude no dudes en ponerte en contacto conmigo.
Pero voy a volver al objeto de este artículo. Vuelvo a mí mismo, antes de investigar y descubrir posibles acciones. A liderarme primero.
Todo cambio comienza por el cambio de uno mismo
La rueda de la vida profesional me ha ayudado a ver dónde estoy y definir mi objetivo y el test de competencias a definir competencias, líneas de mejora, donde apuntarán mis miniobjetivos y mi meta.
Goleman dijo que el factor determinante en cualquier tipo de trabajo no es el Coeficiente Intelectual, ni el expediente académico, ni las habilidades técnicas, sino la Inteligencia Emocional. Por eso es importante reconocer, entender y gestionar nuestras emociones.
Te propongo otra herramienta.
El Test TMMS-24.
En él sabremos si:
Siento y expreso mis emociones adecuadamente
Entiendo mis emociones
Soy capaz de gestionar y regular mis emociones
Como todo test, aquí no hay mejor o peor respuesta. Simplemente tengo que ser sincero con lo que responda. Te lo dejo aquí y sigue sus indicaciones.
Volviendo con el ejemplo me doy cuenta de que no gestiono bien las emociones. Incluso alguna no la tengo detectada. Eso puede hacer que me separe de mis objetivos y me ponga barreras para conseguirlos.
Mi objetivo es una promoción en la empresa, para ello tengo que influir de forma positiva en mi entorno y por tanto he de saber gestionar mis emociones.
Una vez realizado este “estudio” sobre mí mismo tras haber profundizado en estas herramientas voy a conseguir:
Decidir que quiero dar un cambio
Identificar qué objetivo tengo
Qué líneas de mejora tengo para alcanzar mi objetivo
Qué competencias tengo como herramientas y cuáles desarrollar.
La herramienta principal en el coaching es la escucha activa, que implica saber preguntar y saber escuchar.
No siempre se puede disponer de un profesional que te acompañe en un proceso de cambio, pero sí puede uno mismo avanzar haciendo estos ejercicios de autorreflexión.
Llegados hasta aquí, piensa en si te aportaría algo positivo realizar un DAFO tuyo. Un DAFO sobre ti. A modo de resumen. Teniendo en cuenta lo comentado aquí y en el primer post.
El DAFO es el resultado final de un análisis, para poder establecer un objetivo y diseñar una estrategia. Aquí lo estamos viendo ya con un objetivo establecido, pero nos serviría bien para reforzarlo, bien para reencuadrarlo, tal y como hemos comentado un poco más arriba.
Recuerda.
Todo cambio comienza por el cambio de uno mismo
Algo que siempre me ayudó y que recomiendo probar es escribir. Escribo con mi puño y letra mi objetivo. Bien claro.
Y lo tengo cerca.
Marcando los microobjetivos que vaya marcando también.
Y cada vez que dudo en cómo actuar frente a una situación me pregunto:
Me siento en el avión tras un buen madrugón sin saber la experiencia que me espera.
Me encuentro en un estado como de duermevela. La luz del sol entra por la ventanilla y me roza la cara. Mi cuerpo ha encontrado su sitio en el asiento.
Hasta aquí la calma.
Como en un gran bache y en caída libre, siento que el cinturón de seguridad tira de mí hacia abajo. Cuando quiero abrir los ojos me encuentro ante mí una mascarilla, como una araña colgando de su tejido pegajoso.
Y gritos de gente.
No soy consciente de ponerme la mascarilla. Un acto reflejo quizá. Pero la llevo puesta enseguida.
Cuando mi corazón abandona mi garganta y coge camino a su sitio, me fijo en las dos compañeras de viaje que tengo a mi izquierda.
Una madre, entre los bruscos movimientos de la aeronave y el miedo, trata de poner la mascarilla a su hija pequeña.
La madre siente que le falta el aire, su hija llora y mueve los brazos como espantando moscas. Sus dos mascarillas saltan de lado a lado como péndulos desbocados.
Agarro la mascarilla de la niña y se la llevo a la boca mientras recomiendo a la madre que se ponga la suya.
Segundos después madre e hija descansan su espalda en el asiento. Quietas. Con la mano en la mascarilla. La respiración corre más de lo normal.
¿En cuántos vuelos me han dicho que antes de poner la mascarilla al de al lado, me la ponga yo?
¿Cómo quiero liderar a mi equipo si no me lidero a mí mismo antes?
“No reciben mi mensaje”, “Van al mínimo esfuerzo”, “No me han entendido”,“Si no lo hago yo…”, “No me siguen”, “Creo que me cuestionan constantemente”, “No me he atrevido a decirles no”, “Quizá he sido muy duro”, “¿Fui muy blando?“, ”No me he podido controlar”…
¿Qué parte de responsabilidad tengo para cada una de estas suposiciones o creencias?
Para ser un líder tengo que conocerme. En este post voy a mostrar unas herramientas muy útiles que a mí me ayudan. Pero antes tengo que preguntarme:
Qué es para mí un líder
Para qué quiero ser un líder.
Hay muchas definiciones sobre liderazgo. Pero me gusta simplificar las cosas y me quedo con estas tres palabras:
Liderar es la capacidad de influir
Sencillo.
Una frase que luego invitaré a ir completando.
Entro en materia.
Para desarrollar mis competencias como líder antes tengo que saber cuáles son. Definirlas, entenderlas y trabajarlas.
Te cuento por encima y a modo de referencia, cómo podemos clasificar las competencias en tres categorías (Northouse 2009):
de gestión.
interpersonales
conceptuales
Dentro de la categoría interpersonal nos encontramos con el concepto de Inteligencia Emocional, (además de la Percepción y la Gestión de Conflictos, que no es el objeto de hoy), que es la esencia del autoliderazgo.
Si quiero empezar el liderazgo por mí mismo, lo primero que tengo que definir es mi objetivo.
¿Por qué? Porque estoy en una situación que quiero cambiar. Quiero desarrollarme personalmente o en mi equipo. Esto genera un movimiento. Ir a otro estado. ¿Hacia dónde? Hacia tu objetivo.
Hay varias formas de definir un objetivo. ¡Ojo que a veces no es fácil!
¿Por qué?
Puedo pensar que mi objetivo, por ejemplo, es que mi equipo me respete más. Pero en realidad es ganar confianza en mí mismo. Porque tus creencias no te dejan ver que ya te respetan mucho.
Propongo la Rueda de la Vida Profesional como herramienta. Para que me haga pensar y analizar qué quiero conseguir.
Si quiero empezar el liderazgo por mí mismo, lo primero que tengo que saber, después de definir mi objetivo, es cómo estoy situado frente a estas competencias. Evaluarme para ver desde dónde parto y realizar un plan de desarrollo de liderazgo.
Northouse me propone un test de 18 cuestiones que me ayudarán a determinar cómo tengo desarrolladas las competencias básicas según las categorías que menciono antes. Competencias de GESTIÓN, competencias INTERPERSONALES y competencias CONCEPTUALES.
Lo puedo realizar cuando quiera. Sin embargo, es importante encontrar el momento oportuno. Un ambiente y un estado de ánimo neutro, sin estrés, sin estar bajo la influencia de fuertes emociones.
Hasta aquí, haciendo resumen, seré capaz de definir qué es liderazgo para mí, cuál será mi objetivo para desarrollarlo y cómo están dispuestas mis competencias para conseguirlo.
En el próximo capítulo nos conoceremos algo más a nosotros mismos, en concreto cómo está preparada nuestra inteligencia emocional.
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